Conflictos I

Me genera conflicto el avance en el uso de medicina con tecnología que permite prolongar la existencia / supervivencia en un mundo cruel e inhumano al que no siento pertenecer.

Siento a una mano apretar la mía. Me sobresalto:

—Tranquilo. Se quedó dormido mientras le realizábamos la tomografía —me sosegó una voz angelical vestida de blanco—. ¿Cómo se siente?

—Bien, doctor —le contesté aún en el sopor del sueño—. ¿Qué sigue? ¿Qué tendría que esperar? —le agregué, confuso.

—Efectivamente, hay una masa en la parte superior de su vientre. El tamaño y la ubicación nos posiciona en buen tiempo. Tendremos que hacer una biopsia para determinar el curso de acción más indicado. La tecnología en la medicina ha llegado muy lejos, estoy seguro que podríamos extender su pronóstico, independientemente del resultado —agregó el médico.

Me llevé las manos a los ojos. Una lágrima recorrió la mitad de mi cara. Sentía los golpes de lucha de mi corazón. Vida que gritaba ante la desgracia, pero vida que quería que todos viéramos el sol.

Huele a podredumbre. Abro los ojos lentamente para reconocer mis alrededores. Me siento cansado, débil, pero tengo la fuerza suficiente para arrastrarme sobre el frío concreto. Una banqueta. Siento presión en la cadera y en el estómago; trato de sacudirme la grava que descansa entre la acera y mi cuerpo. Escucho el sonido de un avión sobrevolando, y luego otro. Veo un poste de luz cerca, me tomo de él y logro sentarme. Tomo un respiro, y se me llenan los pulmones de aire coloreado de contaminación. El sol apenas se distingue a través del smog. Escucho carcajadas que desaparecen por la lejanía, dejando aquí sollozos y lamentos. Volteo hacia ellos, y veo personas acostadas a mi alrededor. Algunas desnudas, otras vistiendo harapos, y todos nosotros sucios de basura, de hastío, del polvo mortal de la indiferencia. Las carcajadas regresan y se van otra vez de largo. Nadie nos ve. Nadie nos quiere ver.

Veo migajas de pan tiradas. Tengo mucha hambre. Todos tenemos hambre. Mi mano derecha alcanza algunas migajas. No me quedan fuerzas para llevármelas a la boca. Pesan como la grava que intenté retirar de mi vientre. Me tiro al suelo de nuevo. Me ensordece el llanto de una mujer abatida, tirada cerca de mí, gritando por comida. La muerte me quiere cerrar los ojos y yo quiero agradecerle cediendo.

Escucho un suave aleteo, y siento unas garras que se posan delicadas sobre mi pecho. Uso mis últimas energías para mirar a quien me quiere llevar. Es un hermoso cuervo, con un trozo de pan en el pico. Camina hacia mi boca y deja caer pan fresco, ligero. Mastico lento mientras escurre agua de mis ojos. Lágrimas de una vida tal vez rescatada. Mi pecho vibra de nuevo, débilmente. Latidos que recuerdan. El cuervo salta al suelo, lo sigo con la mirada y veo a su lado un par de zapatitos blancos. Levanto el rostro y veo a una niña con rizos que brillan aun y con la ausencia del sol. Me sonrió. Quiero pedirle más pan, para darle a la mujer moribunda, que sienta lo que yo siento. Pero no me sale la voz. La niña voltea a ver aquel bulto a mi lado, como si me leyera el pensamiento. Abre más su sonrisa, mientras apunta hacia el cielo. Se escucha otro avión. Un reflejo de sus compuertas que se abren, y una explosión. La luz se vuelve cegadora. Yo aprieto los ojos esperando el impacto. ¿Y la niña? ¿Y la mujer? ¿Es este el fin?

(Participante: Insumisa)

Técnica: Acrílico y óleo sobre lienzo
Tamaño: 60 × 60 cm
Costo: $24,050 MXN / $1,300 USD

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