Vázquez / Herrera, 2024
Procesos Cianotípicos
Residencias en colaboración
Ambos, en estricta precisión y sincronía, midiendo el pulso al sol y a los rayos ultravioletas para dar vida. Trazando un camino conjunto por las grietas del hechizo. Abonando con químicos, negativos fotográficos, taninos y color, la inagotable tierra del arte.
Bajo el techo de las “Residencias en colaboración”, del CRIA, los artistas crean un universo propio y original, que se traduce en una forma diferente de relacionarse. La obra que hoy se presenta, nos habla de la herencia del origen. De lo auténtico, del esperar, del “tú a tú” de lo austero. De la verdad en lo verdadero.
La Obra aguarda paciente a que el sol se levante, se alimenta de rayos UV, se potencia con la inherencia del tanino y se transforma con el “don” de la creación. Este es el proceso antiguo, patrimonial y honesto que hoy se rescata.
No hay vida sin sol. De ahí, que esta evolución creativa estreche directamente a los dos artistas con estas tierras, mares y gentes de Ensenada. Desde un mismo coro: no hay obra ni vida sin sol.
Este es el homenaje de Vázquez y Herrera a quienes son tan andamio como viga de esta tierra. Este tributo, estructura la exposición en cuatro series en íntimo guiño a ellas, ellos y ello.
Una primera serie, nos pone sobre la pared los retratos de quienes dejan huella en Ensenada: su gente captada y atravesada desde su esencia y gestos por el color intenso. Un segundo grupo de obras, manifiesta el poder que rompe en los mares y en la naturaleza de esta zona etérea, recordándonos, una vez más, la trascendencia de “lo primero”. Un retablo de cinco obras -la tercera serie- habla de lo heredado. En el arte, a través de Delacroix y Picasso, y, en la creación -cruzada de rojo intenso- mediante las manos, los rostros y la naturaleza. Un último conjunto de retratos, nombra y apellida al origen mediante el retrato que, esta vez, mantiene el Azul Prusia inicial de la cianotipia.
La fuerza de las aguas, el cruce de los vientos, la inmensidad de las tierras y, sobre todo, la absoluta valentía y grandeza de quienes dejan rastro en ellas. Es el poder, el misterio y el hechizo que esta exposición señala.
Los artistas recogenMojarse las manos. Y con los dedos calados de ácido y con la maestría húmeda de los químicos… dar vida a la Obra.
Alumbrar. Y volver a hundir las palmas en aquel quimérico oficio del “algo por contar”, tan lleno de alquimia como de apuesta.
Hoy, en Procesos Cianotípicos, los artistas Roberto Vázquez y Héctor Herrera se dejan la piel de las manos y del talento en un desafío mayor. A través de la Cianotipia – aquella anciana técnica de impresión fotográfica que consigue una copia negativa del original en azul- dan una vuelta de tuerca más al proceso creativo final.
En su narración, Vázquez traduce su fotografía y experiencia como impresor en el resultado cianotípico. Mientras que Herrera, desde su vasto andar artístico, interviene este proceso a golpe de trazo maest, exploran y transforman. Crean. Sientan a la mesa a la Obra como gobernadora de la memoria y regente del hoy. Y ponen guantes de maestría a las manos que se mojan en el ácido, en la mar, en el rocío de la viña… y en la vida misma.
Mariví Pascual.
En el mes de noviembre del año 2024
Esta exposición no hubiese sido posible sin las manos mojadas de: Fabián Cordero (fotógrafo / artista colaborador / cómplice), colaboradores del CRIA (Enrique, Alex, Chui, Gaby, Joel) y amigas y amigos que dejaron su tiempo y esencia en los retratos presentados.
Ambos, en estricta precisión y sincronía, midiendo el pulso al sol y a los rayos ultravioletas para dar vida. Trazando un camino conjunto por las grietas del hechizo. Abonando con químicos, negativos fotográficos, taninos y color, la inagotable tierra del arte.
Bajo el techo de las “Residencias en colaboración”, del CRIA, los artistas crean un universo propio y original, que se traduce en una forma diferente de relacionarse. La obra que hoy se presenta, nos habla de la herencia del origen. De lo auténtico, del esperar, del “tú a tú” de lo austero. De la verdad en lo verdadero.
La Obra aguarda paciente a que el sol se levante, se alimenta de rayos UV, se potencia con la inherencia del tanino y se transforma con el “don” de la creación. Este es el proceso antiguo, patrimonial y honesto que hoy se rescata.
No hay vida sin sol. De ahí, que esta evolución creativa estreche directamente a los dos artistas con estas tierras, mares y gentes de Ensenada. Desde un mismo coro: no hay obra ni vida sin sol.
Este es el homenaje de Vázquez y Herrera a quienes son tan andamio como viga de esta tierra. Este tributo, estructura la exposición en cuatro series en íntimo guiño a ellas, ellos y ello.
Una primera serie, nos pone sobre la pared los retratos de quienes dejan huella en Ensenada: su gente captada y atravesada desde su esencia y gestos por el color intenso. Un segundo grupo de obras, manifiesta el poder que rompe en los mares y en la naturaleza de esta zona etérea, recordándonos, una vez más, la trascendencia de “lo primero”. Un retablo de cinco obras -la tercera serie- habla de lo heredado. En el arte, a través de Delacroix y Picasso, y, en la creación -cruzada de rojo intenso- mediante las manos, los rostros y la naturaleza. Un último conjunto de retratos, nombra y apellida al origen mediante el retrato que, esta vez, mantiene el Azul Prusia inicial de la cianotipia.
La fuerza de las aguas, el cruce de los vientos, la inmensidad de las tierras y, sobre todo, la absoluta valentía y grandeza de quienes dejan rastro en ellas. Es el poder, el misterio y el hechizo que esta exposición señala.
Los artistas recogenMojarse las manos. Y con los dedos calados de ácido y con la maestría húmeda de los químicos… dar vida a la Obra.
Alumbrar. Y volver a hundir las palmas en aquel quimérico oficio del “algo por contar”, tan lleno de alquimia como de apuesta.
Hoy, en Procesos Cianotípicos, los artistas Roberto Vázquez y Héctor Herrera se dejan la piel de las manos y del talento en un desafío mayor. A través de la Cianotipia – aquella anciana técnica de impresión fotográfica que consigue una copia negativa del original en azul- dan una vuelta de tuerca más al proceso creativo final.
En su narración, Vázquez traduce su fotografía y experiencia como impresor en el resultado cianotípico. Mientras que Herrera, desde su vasto andar artístico, interviene este proceso a golpe de trazo maest, exploran y transforman. Crean. Sientan a la mesa a la Obra como gobernadora de la memoria y regente del hoy. Y ponen guantes de maestría a las manos que se mojan en el ácido, en la mar, en el rocío de la viña… y en la vida misma.
Mariví Pascual.
En el mes de noviembre del año 2024
Esta exposición no hubiese sido posible sin las manos mojadas de: Fabián Cordero (fotógrafo / artista colaborador / cómplice), colaboradores del CRIA (Enrique, Alex, Chui, Gaby, Joel) y amigas y amigos que dejaron su tiempo y esencia en los retratos presentados.