2026
Bache | Hache
Residencia artística y colaboración pictórica
Durante su residencia en CRIA, Bache desarrolla un cuerpo de trabajo centrado en la construcción pictórica como un espacio abierto de sentido.
A partir de este proceso, surge una colaboración con Héctor Herrera que extiende esta exploración hacia un diálogo entre dos lenguajes, dando lugar a una serie de piezas construidas desde la intervención, el intercambio y la reinterpretación.
La residencia
La obra desarrollada durante la residencia se construye como un campo pictórico abierto, donde las imágenes se organizan por afinidades y relaciones internas más que por narrativas fijas.
Cada pieza propone una lectura en movimiento, donde el sentido se construye a partir de la mirada y sus desplazamientos.
Giclées
Bache · Hache
Esta colaboración entre Bache y Héctor Herrera se desarrolla como un proceso compartido donde la pintura deja de ser un ejercicio individual para convertirse en un espacio de diálogo.
A través de distintas etapas, ambos artistas construyen una serie de piezas donde la imagen se transforma mediante la intervención, la reinterpretación y el intercambio de lenguaje.
EL RETRATO COMO CAMPO DE TRABAJO
El proceso inicia con la exploración del retrato como estructura base.
A partir de imágenes de artistas mexicanos del siglo XX, se desarrolla una serie de estudios donde la grisalla funciona como punto de partida para construir la figura.
Sobre estas imágenes, la pintura se transforma mediante intervenciones que alteran su contexto, generando nuevas relaciones entre forma, gesto y significado. Cada pieza se construye a través de ajustes continuos, en un ir y venir entre la imagen original y su reinterpretación.
EL SEGUNDO MOMENTO: ALZHEIMER
Este proceso encuentra su punto de mayor desarrollo en la obra Alzheimer, donde la exploración inicial se traslada a una escala mayor y a una resolución más compleja.
Aquí, la pintura de Bache y la de Héctor Herrera conviven dentro de una misma superficie, manteniendo cada una su carácter mientras construyen una imagen común.
La pieza se configura como un espacio donde ambos lenguajes coexisten y se tensionan, dando forma a una imagen que surge directamente del encuentro entre ambos.
AL FINAL, LOS RETRATOS
El proceso concluye con una serie de retratos realizados el uno para el otro.
Estas piezas retoman los fundamentos del retrato académico, pero se desarrollan desde la experiencia acumulada durante la colaboración.
A través del uso del carboncillo y la pintura, se exploran proporción, estructura y valor tonal, dando como resultado un conjunto de obras que funcionan tanto como cierre del proceso como un ejercicio de observación mutua.
Más que una serie de piezas, Bache · Hache funciona como un proceso donde la pintura se construye desde el intercambio, haciendo visible la relación entre dos formas de mirar y entender la imagen.















